Somos narradores de historias

Pertenecemos a una tierra donde el arte es una forma de vivir

Donde el sentimiento y las emociones importan más que nada. Por eso también somos universales. Trabajamos contigo estés donde estés.

Somos naturales, como el amontillado, como el oloroso, como el fino, como el palo cortao. Y ese es el sello que queremos transmitir a nuestros vídeos.

Nos gusta el genio, el carácter. No concebimos la indiferencia.

Y, sobre todo, somos conversación en una mesa de madera. Frente a frente, como se dicen las verdades. Porque la buena comunicación y sintonía con nuestros clientes es el ingrediente esencial en nuestros trabajos.

Nuestra pequeña historia

Octubre Producciones es un proyecto que nació para soñar y crear historias a través del audiovisual.

Surgió como una pequeña Startup formada por un grupo de compañeros con las mismas inquietudes profesionales y, sobre todo, con mucha ambición en darle un punto de vista único a todos aquellos trabajos con los que nos enfrentamos.

Nuestra experiencia nos ha hecho vivir en primera persona la transición del mundo analógico al digital y todo lo bueno que nos ofrece ambos campos, tanto a nivel de material técnico como en el modo de plasmar las ideas.

Sabemos que no todo es contar con el mejor material técnico para nuestro trabajo, que nuestra imaginación, creatividad y cualificación profesional es lo más importante, pero nuestra ambición nos hace ser exigentes con nosotros mismos para poder ofrecer a nuestros clientes lo mejor en grabación y edición digital. Las buenas ideas con el mejor equipo técnico hacen buena pareja.

 A lo largo de nuestra trayectoria, nos hemos atrevido con todo: desde el vídeo industrial al corporativo, desde programas de televisión a spots publicitarios, desde documentales a cortos de producción propia.

En cada uno de nuestros trabajos, hemos puesto el alma. Somos muy cabezotas, e insistimos en darle mil y una vueltas al guión de lo que estamos haciendo hasta que nos convence a todos. No nos conformamos con las tomas de imágenes habituales y buscamos el encuadre más arriesgado. Cuando editamos un trabajo, queremos emocionarnos al verlo y, hasta que no damos con la tecla, no paramos.